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Información vs. Conocimiento

En los últimos años hemos podido ver cómo se nos ha facilitado, aparentemente, el acceso a la información a través de internet. Esta universalidad sin igualdad nos hace sentir que todo el conocimiento está a nuestro alcance, pero información y conocimiento son dos cosas muy diferentes.

Cuando empezamos a hablar, no necesitamos saber lo que es un sintagma nominal o un pronombre. El aprendizaje del lenguaje es un proceso natural, y todos los seres humanos que viven en sociedad adquieren (algunos más y otros menos) una competencia básica para poder comunicarse con los demás. Pasa igual con la música. Preguntándonos si lo que tocamos con nuestros instrumentos o lo que escuchamos nos gusta o no, vamos perfilando nuestra identidad musical. Por otra parte, intelectualizado (qué mal que suena en nuestros días!) la música mediante el estudio de la teoría puede hacernos aprender más rápidamente. Ignorar este conocimiento nos obliga a reinventar la rueda cada vez que intentamos aprender algo nuevo, y por otro lado a ignorar todos los caminos que se han trazado anteriormente. La información es poder.

Dado que la información musical es en todos los rincones de internet y cada vez es más fácil el acceso a esta, lo lógico sería pensar que el nivel global de los músicos hoy fuera más alto que antes de la existencia del ciberespacio. Al contrario, aunque hay muchos buenos músicos, no parece que estemos en una época de hiper-virtuosismo, y si todo este conocimiento es accesible gratuitamente, nos deberíamos preguntar también: ¿por qué las universidades y conservatorios de música siguen prosperando? ¿Por qué el nuevo paradigma no ha hundido la educación musical formal?

La educación musical integral es generalmente el proceso de contextualizar toda esta información que podemos encontrar esparcida por internet en conocimiento. Para poder decir que conocemos algo, debe estar justificado por la evidencia, la información o el análisis. También debe ser un conocimiento “verdadero”, y por tanto, validado y justificado por alguna institución o alguien. La información debe ir acompañada de algún tipo de guía o andamiaje (en términos de Lev Vigotsky) para que se convierta en conocimiento significativo. Podemos mirar todos los videos de YouTube sobre cómo componer o tocar un instrumento, pero si no pasamos un tiempo significativo con la información para poder digerirla, probablemente no aprenderemos nada. Es relativamente fácil encontrar contenido inspirador en el ciberespacio, pero es un poco más difícil internalizarlo y convertirlo en un aprendizaje significativo.

Atajos

Un atajo consiste en tomar un camino que nos ahorre parte del recorrido para obtener un determinado resultado ahorrando esfuerzos y tiempo. A menudo se nos proponen caminos alternativos que nos ahorran procesos pesados ​​y tediosos. Esta lógica puede tener su sentido cuando estamos hablando de optimizar el rendimiento de un parque eólico, o buscamos un método para ordenar cursos clínicos en un hospital. El progreso nos brinda opciones que nos hacen la vida más fácil, incluyendo nuestra existencia más cotidiana y también, como es el caso, aligeran la complejidad de los procesos creativos.

Esta dinámica de reducción del esfuerzo y los recursos parece no encajar de igual manera con las artes. Se nos ofrece una idea de facilidad y ligereza ligada a la creación artística, que si bien en la casilla de salida puede consolarnos, a la larga puede limitarnos. Quizá, de alguna manera, parte de la belleza intrínseca del arte consiste en el esfuerzo sine qua non requerido para llegar a un resultado honesto y verdadero. En este punto, surge la pregunta: Si crear fuera tan sencillo, tan inmediato, tan accesible, nos resultaría tan atractivo e interesante?

Los procesos creativos están cambiando. Se promueve una inteligencia que deja de lado la actividad consciente para convertirse en un conjunto de competencias, capacidades, funciones, que pueden ser entrenadas para aumentar la capacidad de trabajar y de producir. Pero a menudo el arte nos exige, además, que nos enfrentemos con las manos desnudas y con una idea clara en la cabeza para comunicar. No somos máquinas.

Quizás es el momento de mirar las indicaciones y los pasos a seguir con una ligera desconfianza; captar lo esencial pero enfrentarnos a la creación con las manos desnudas, con menos manuales de instrucciones. Tomar porciones pequeñas de material, ideas simples, y hacerlas crecer para que nos lleven más lejos. Amar la dificultad y escoger conscientemente el camino más largo para caminar con detenimiento, saboreando los detalles. Convivir con las preguntas y estimular la curiosidad, porque si no, como decía Leonard Bernstein, ya podemos callar y volver a nuestras cuevas.