Atajos

Un atajo consiste en tomar un camino que nos ahorre parte del recorrido para obtener un determinado resultado ahorrando esfuerzos y tiempo. A menudo se nos proponen caminos alternativos que nos ahorran procesos pesados ​​y tediosos. Esta lógica puede tener su sentido cuando estamos hablando de optimizar el rendimiento de un parque eólico, o buscamos un método para ordenar cursos clínicos en un hospital. El progreso nos brinda opciones que nos hacen la vida más fácil, incluyendo nuestra existencia más cotidiana y también, como es el caso, aligeran la complejidad de los procesos creativos.

Esta dinámica de reducción del esfuerzo y los recursos parece no encajar de igual manera con las artes. Se nos ofrece una idea de facilidad y ligereza ligada a la creación artística, que si bien en la casilla de salida puede consolarnos, a la larga puede limitarnos. Quizá, de alguna manera, parte de la belleza intrínseca del arte consiste en el esfuerzo sine qua non requerido para llegar a un resultado honesto y verdadero. En este punto, surge la pregunta: Si crear fuera tan sencillo, tan inmediato, tan accesible, nos resultaría tan atractivo e interesante?

Los procesos creativos están cambiando. Se promueve una inteligencia que deja de lado la actividad consciente para convertirse en un conjunto de competencias, capacidades, funciones, que pueden ser entrenadas para aumentar la capacidad de trabajar y de producir. Pero a menudo el arte nos exige, además, que nos enfrentemos con las manos desnudas y con una idea clara en la cabeza para comunicar. No somos máquinas.

Quizás es el momento de mirar las indicaciones y los pasos a seguir con una ligera desconfianza; captar lo esencial pero enfrentarnos a la creación con las manos desnudas, con menos manuales de instrucciones. Tomar porciones pequeñas de material, ideas simples, y hacerlas crecer para que nos lleven más lejos. Amar la dificultad y escoger conscientemente el camino más largo para caminar con detenimiento, saboreando los detalles. Convivir con las preguntas y estimular la curiosidad, porque si no, como decía Leonard Bernstein, ya podemos callar y volver a nuestras cuevas.